Crudo Bar, ampliando horizontes culinarios
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Crudificar España: ese es el objetivo del equipo formado por Jorge, Julia y Alex, los socios fundadores de Crudo Bar, el espacio gastronómico que comenzó en 2014 en uno de los puestos de pescado del Mercado Central de València, y que ahora estrena nuevo local en pleno centro histórico de la ciudad.

El recién inaugurado espacio (Carrer de la Corretgeria, 7) muestra la evolución y la madurez de un proyecto innovador y original, que nació en un pequeño y modesto lugar decorado con motivos marinos, y se transformó en un experiencia gastronómica completa.

Jorge, chef autodidacta, que comenzó su carrera mientras vivía en Rusia, confiesa que no sentía que las anteriores localizaciones estuvieran a la altura de la revolución gastro que se cuece en Crudo Bar y por eso apostó, junto con Julia y Alex, por este nuevo espacio, que cuenta con un aforo para 60 personas.

Y aunque aún es posible notar ese ambiente marítimo que ya usaban como insignia –sigue presente en los colores y en la trabajada decoración– su acento es ahora más sofisticado, sin caer en la ostentación.

Lo que no ha variado ni un milímetro es el exquisito trabajo de sala que hacen desde sus inicios. Julia detalla que cada uno de los integrantes del equipo es capaz de explicar –en varios idiomas–  los vericuetos de los platos que sirven, sobre todo a los clientes que se acercan por primera vez a la cocina cruda.

El profesionalismo de su joven equipo se encuentra fuera y dentro de la cocina, donde Jorge reconoce contar con cocineros formados con chefs de renombre.

Crudo de corazón

Crudo Bar ha cambiado de lugar y aspecto, pero el corazón de la cocina sigue intacto. La mudanza no ha mermado su pasión inicial por cuidar el producto, respetar su frescura y temporalidad y compartir su sabor.

En su carta se siguen ofreciendo deliciosas preparaciones inspiradas en países como Japón, Perú, Rusia, México, Francia,  Filipinas y por supuesto España, ofreciendo una calculada fusión de sabores en la que resuena sobre todo el mar, aunque también hay espacio para otros platos como el entrecot o el jamón ibérico.

Ceviches, aguachiles, tiraditos, pulpos y tatakis son preparados con la sencillez que permite que cada uno de los ingredientes brille por sí mismo, poniendo especial cuidado en ofrecer sobre todo productos de proximidad, regla que rompen en pocas ocasiones, como con las ostras francesas, que ocupan un lugar especial en la carta.

Pulpo a la gallega con mousse de patata morada, ceviche de corvina con ají amarillo y croquetas de chipirones en su tinta son algunos de los platos que ofrecen en una carta que cambia con regularidad  y que, si bien se centra en este innovador concepto de “lo crudo” como denominador común, permite ofrecer platos cocinados para aquellos comensales que aún no se atreven a probar las preparaciones más arriesgadas.

Los creadores de este concepto único en Valencia son conscientes de que están abriendo un camino hasta ahora poco explorado. Si bien no existe una cultura extendida de comer crudo, apuestan por introducirla en España, donde un estricto protocolo higiénico permite probar estas preparaciones sin temor alguno.

La conquista ha comenzado y sigue avanzando

Crudo Bar cuenta ya con una segunda sucursal en Barcelona y  el proyecto de crear una franquicia para llevar su creativo concepto a sitios como Mallorca o Santander está en marcha. Primero España y luego, quizás, el mundo…

Julia y Alex Roifman

Lo que para esta pareja parecía un sueño imposible en su natal Moscú, se convierte en realidad a orillas del Mediterráneo.

La mitad del equipo que guía esta revolución culinaria siempre soñó con dirigir un restaurante  y ha conseguido hacerlo realidad en Crudo.

Mientras la cocina es el territorio de Jorge, Julia y Alex se han hecho al mando de la sala y las finanzas.

La parte práctica: los números, el personal, es su terreno en esta suerte de empresa familiar que navega a buen puerto. 

Jorge de Ángel Moliner

Valenciano de nacimiento, se inició en la cocina en Rusia escribiendo un blog gastronómico.

De ahí pasó a asesorar  las cartas de algunos restaurantes y finalmente se convirtió en el embajador culinario de su país, gracias a la edición del primer libro de cocina española en ruso.

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